Serendipia: Descubrimiento que puede llegar a ser bueno o valioso de manera accidental o casual, al momento de estar buscando una cosa diferente a la sucedida.
A veces las cosas más imposibles del mundo nos suceden sin explicación, y otras veces la explicación es la serendipia.
Hace ya más de una década, mientras empezaba a aprender inglés por mi cuenta, encontré este término —apareció frente a mí como serendipity, que tampoco significaba mucho hasta que te empiezan a pasar cosas.
La historia más impactante que puedo contarte me sucedió en Colombia en 2022, y es mi motivo más grande para decirte que también deberías cultivar más la serendipia.
El punto de partida: burnout
La razón por la que llegué a Colombia se llama burnout. En simple español: estaba harto de las mismas cuatro paredes, de hacer lo mismo todo el tiempo. En mi desesperación, un día decidí que si tenía la fortuna de trabajar en remoto gracias a la pandemia, lo llevaría al máximo. Así que me largué del país.
El primer punto
En Medellín descubrí que en la mayoría de ciudades grandes existen tours de cooperación voluntaria que te llevan a caminar por la ciudad. Si te interesa la historia local, los recomiendo muchísimo.
Estos tours se dan en español y en inglés. Aquí está mi primer punto de serendipia: yo solo iba buscando un tour, pero lo tomé en inglés. Eso hizo que viviera una experiencia completamente diferente, ese tour hizo que me enamorara de Medellín de una forma que el tour en español probablemente no hubiera logrado.
El segundo punto
Un mes después, estando en Bogotá, decidí tomar otro tour. Esta vez lancé una moneda al aire para decidir el idioma y me tocó nuevamente en inglés.
Ahí conocí a una chica llamada Florence: super divertida, aventurera, una profesional increíble que solo había llegado al tour por casualidad.
Esa tarde, el último tema que tocamos fue mi frustración por no tener datos móviles y que Google Maps no calcula rutas sin internet. Florence me recomendó una app que solucionaba ese problema. Su última frase fue: “cuando hago caminatas yo la uso”, y se aseguró de que la buscara en la tienda ahí mismo.
El tercer punto
Otro mes después, en Santa Marta, había pasado 4 días caminando 40 km hacia Ciudad Perdida. Le había tomado amor a los hikings y decidí hacer uno por una ruta poco explorada para entrar a la reserva.
Pude haber movido el hiking una semana antes o después. Pude haber entrado por la ruta principal. Pude haber llegado temprano, pero decidí desayunar tarde.
Yo solo quería conocer la montaña, tomar el sol en la playa y leer un rato.
Lo siguiente que supe es que, por la insistencia de alguien en la entrada, tuve que comprar la reservación de mi hospedaje. Ahora debía apresurarme a recorrer 10 km en pocas horas, llegar a la primera playa, mojarme los pies, y continuar hacia mi destino.
Cada uno de esos momentos dependió de una decisión aparentemente trivial: el idioma del tour, la cara de una moneda, la hora del desayuno.
La serendipia no llega sola. Llega cuando te permites desviarte del plan, cuando eliges la ruta difícil, cuando hablas con desconocidos, cuando cambias de idioma para experimentar algo diferente.
La serendipia se cultiva.
¿Cuándo fue la última vez que tomaste una decisión sin un motivo racional sólido? ¿Cuándo fue la última vez que algo inesperadamente bueno surgió de ahí?