Un Viaje de Descubrimiento

384 días tardé en escribir esta entrada. Caminé por 7 ciudades buscando respuestas a preguntas que no sabía cómo formular. Esto es lo que encontré.

384 días me tomó escribir esta entrada. Muchas cosas pasaron en más de un año, pero esto no se trata de mí. En realidad, nunca lo fue.

Estableciendo al protagonista

Durante más de un año estuve tratando de encontrarle el sentido a mi vida de la misma forma como te puede estar pasando, te pasó, o pasará.

Constantemente surgían en mi mente preguntas del estilo: ¿para qué trabajo?, ¿debería abandonarlo todo?, ¿tiene algún sentido lo que hago con mi vida?, ¿mi yo del pasado estaría orgulloso de mí si me viera?, ¿de verdad quiero seguir haciendo esto?

Si alguna de esas preguntas ha surgido en tu mente, te ofrezco dos términos: alienación y burnout. No voy a profundizar en eso ahorita. Basta decir que pasaba por ambos, y eso me llevó a iniciar este viaje.

Algo no estaba bien

Si eres un poco como yo, caminar por 7 ciudades diferentes y varios pueblitos en poco más de un año te genera muchas preguntas difíciles.

Pero no se trata de que viajar me haya traído esas preguntas. Las preguntas ya estaban. Viajar solo les dio espacio para respirar.

Un camino con pruebas

Mi viaje empezó en las calles coloniales de Guadalajara, continuó en la hermosa Medellín, la húmeda Bogotá, las cálidas Santa Marta y Cartagena, para regresar por un tiempo a mi Puebla querida, y continuar hacia la siempre ajetreada Ciudad de México.

Cada ciudad me enseñó algo diferente:

  • Guadalajara me recordó de dónde vengo
  • Medellín me mostró lo que es posible cuando una ciudad decide reinventarse
  • Bogotá me enseñó a tolerar la incomodidad
  • Santa Marta y Cartagena me recordaron que la vida puede ser más simple
  • Puebla me confrontó con lo que había dejado atrás
  • Ciudad de México me mostró la escala de lo que viene

Lo que encontré

No encontré respuestas definitivas. Encontré algo mejor: preguntas más precisas.

La diferencia entre la persona que salió a viajar y la que regresó no está en las ciudades que visitó. Está en que el movimiento constante —el tener que adaptarse, el no poder quedarse paralizado— le enseñó que la parálisis es el verdadero enemigo.

No la falta de respuestas. La parálisis ante las preguntas.

Lo que sigue

Esto es un trabajo en progreso. Como lo somos todos.